jueves, 18 de marzo de 2010

Premios tiene la vida

Durante el desayuno el aguacate se me cayó tres veces: carajo, carajo, mierda! Dicen que cuando las cosas se te caen es que alguien está pensando en ti ¿También funcionará cuando la que piensa es una misma? Yo estaba pensando en mis premios. Ayer recibí mi último premio, no me lo esperaba y cuando me lo dieron dudé de la razón por la que me lo estaban entregando. Resulta que describí en imágenes y fichas la muerte de mi abuela, el proceso que ha quedado grabado en mi cabeza como pequeñas secuencias de trágica poesía. Ahí entre el jurado que me lo entregaba estaba Vicente, y yo le decía “Qué gusto me da verte, Vicente! Por cierto, quisiera pedirte una carta de recomendación para Sundance…” Entonces él me cortaba y me decía “Luego, luego, ahora que platiquemos” cosa que yo entendía muy bien pues me estaba entregando un premio y no era plan alargar así la ceremonia. Y más o menos hasta ahí es lo que recuerdo del sueño. Un premio. Después de tanto tiempo un trofeo, desde los concursos de dibujo de mi pueblo que ganaba en mi infancia no había recibido un trofeo. Si hubiera sabido que todo iba a ser así la amargura de una vida de finalista me hubiera quitado la ilusión de recoger esos premios. A veces es bueno desconocer.

miércoles, 10 de marzo de 2010

mil poetas

Mil poetas muertos mueven mi mano,
y yo les dejo porque a estos fantasmas no les temo.
Cuando me pudra quiero que mi ceniza sea como la de ellos;
una mensajera del tiempo, un lecho caliente para las cabezas atormentadas.

lunes, 15 de febrero de 2010

Xilitla


En la selva nada muere.
Hay un enjambre de ventanas góticas, un órgano de bambúes.
Y el sonido de la vida comiendo.

jueves, 11 de febrero de 2010

Mirarse a los ojos


¿Puede una mirarse a los ojos a través del tiempo? Yo creo haberlo hecho.
Esa niña de mirada triste y cara redonda que sujeta con fuerza los barrotes del balcón se giró y me miró, de frente y a lo ojos, y yo volví a ver su dolor que es también el mío. Pero esta vez pude consolarla y decirle con seguridad que todo será diferente a como se lo imagina. Que eso va a terminar y lo superará. Vendrán otras cosas, y también habrá de superarlas. Obstáculos tras obstáculos. En algún momento se cansará y decidirá que la vida ha sido demasiado dura con ella. Y ni la vida misma podrá negárselo. ¿Qué alternativa le quedará entonces? Ninguna más que levantarse y con un pie y luego el otro, saltar ese nuevo obstáculo. Sin embargo, eso que las dos sabemos, terminará y todo será diferente.

viernes, 5 de febrero de 2010

La mujer de enfrente

Una mujer llora en la mesa de enfrente y el camarero parlanchín no me deja escuchar sus pensamientos.
Podría escuchar los pensamientos de esa mujer cuando habla. En cambio, la rubia de la mesa de al lado no se inmuta.
La mujer de vez en cuando me mira, será porque yo también la miro. La gente piensa que llorar es fácil, yo no estoy de acuerdo. La tristeza seca es la peor de las tristezas, está muy extendida y nadie puede escucharla.
La mujer tiene un interlocutor, es una espalda negra que se mueve incómoda ante las lágrimas de ella.
Un día u otro todos lloramos, o al menos los afortunados.
No hay que tener miedo de las lágrimas.

jueves, 28 de enero de 2010

Solo hay que ver

No hay nada que se compare a la cara de alguien comiendo chocolate. Lo juro, lo acabo de ver. En cambio no me gustan los que se cuelgan un cascabel a la espalda e inundan todo con él. Hay gente para todo. Caminaba tras una señora, el paso nos hizo acompasarnos tanto que perdimos la distancia de seguridad y pude observar claramente sus cuatro grandes lonjas bajo el jersey, sin embargo, ella comía dulces oaxaqueños dejando intervalos muy pequeños entre dulce y dulce. Y yo pensaba ¿Es que no es suficiente con lo que ya tiene? Obviamente no lo era. Hay gente para todo. Para poco y para mucho, inclusive para demasiado. Hoy el camarero me preguntó si estaba triste. Inclusive para eso hay gente, para preguntar a una desconocida si está triste. Hoy celebro la diversidad.

lunes, 18 de enero de 2010

He estado pensando en mi


En ocasiones pienso que estoy demasiado anclada a esta vida que es real y que no me deja penetrar en el mundo de las ideas. Demasiadas sábanas tendidas todas con la misma perfección. Demasiadas grietas en estas manos robustas que me heredaron. Nunca fui una señorita que dispusiera de un banco en el que sentarse a reflexionar, yo escribía en mi desesperación, cuando la confusión era tanta que necesitaba dejar huella de al menos una de mis yos. Nunca he conseguido llegar a conclusiones sólidas o encontrar soluciones a los problemas teóricos de esta vida. No me gusta teorizar sobre las causas y los culpables porque no soy lo suficientemente lista para encontrar ni siquiera la más pequeña de las verdades que vuelan libres por el mundo. Yo prefiero expresar las dudas de la existencia. Todo lo que yo hago son dudas, la expresión de la incertidumbre que me provoca vivir.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Taza de café

Una gran taza de café en un espectacular. Era de noche y al pasar confundí la espuma con alguna nube enrojecida alrededor de lo que podría ser un agujero negro abierto en el cielo de la ciudad sin previo aviso. Después me di cuenta de que estaba equivocada, pero me quedé un rato más mirando la gran taza que por una extraña combinación de contraste resaltaba en la bóveda oscura. Era, definitivamente, lo más parecido que había visto jamás a un agujero negro. Observo este paisaje urbano ecléctico e imprevisible en el que todos participamos más o menos conscientes de ello. Por supuesto lo es el publicista que sabe del impacto que tendrá su idea en la realidad urbana de su ciudad, no lo es, tal vez, el niño que tira el chicle al suelo, a pesar de que su acción permanecerá más que la idea del publicista.

martes, 17 de noviembre de 2009

Niños con coche en una tarde de verano

Era el verano en que corríamos con las ventanas abiertas y el mismo disco pasado de moda a todo volumen. Teníamos los codos rojos por el sol y en la cara una sonrisa de quien desconoce la vida, nos pasábamos el día dando vueltas y viendo a las turistas rubias andar las calles. Suponíamos que algo debiera pasarnos en ese transcurrir. Pero ese verano no pasó nada. Tal vez alguno de nosotros perdió la virginidad pero no se lo dijo a los demás. No fui yo. Lo pensé muchas veces, lo pensé sobre los cuerpos de todas las turistas, pero no fui yo. Tampoco murió nadie. Y nosotros tarde tras noche corríamos las calles escuchando la misma música. Daisy nunca quiso subirse al coche. Casi ninguna quería subirse al coche. Habíamos logrado esa prepotencia de la que tanto nos jactábamos solo que sobre el objetivo equivocado. A veces, cuando dormitaba con la chela entre mis manos, soñaba estar en un cortejo fúnebre, pero como ese verano no murió nadie, el muerto solo podía ser yo; y me dedicaba sin miedo a ver las calles repetirse sin cansancio con los ojos entrecerrados. Incluso tengo la sensación de haber muerto un poco después de ese verano.
Daisy si lees esto: todavía puedes subirte al coche.

viernes, 16 de octubre de 2009

sin certeza

Ayer volví a girar la vista hacia la ventana; esperaba, que como me sucedió muchos años atrás la vida me dijera algo, pero en esta ocasión solo habían vallas y cercas de madera conteniendo una gran oscuridad. Eran parecidas a una gran cárcel que debo explorar, o, si reflexiono demasiado; tal vez la que se encuentra contenida entre esas cercas soy yo y la salida está al saltar la valla… y yo estoy tan cansada, tan tan cansada.

viernes, 25 de septiembre de 2009

el orden lo rige todo

La vida diaria es ordinaria y a veces eso me abruma – le decía ayer mientras nuestro coche se desplazaba lentamente entre el tráfico de la tarde. Había salido del trabajo a las 6 de la tarde y ese acontecimiento había despertado en mi esperanzas de algo nuevo, a lo mejor de una tarde diferente. Pero ya eran las 8 y nada nuevo había pasado. La desilusión me hizo cambiar de humor. ¿Iba a ser así cada día? – a él le parece que nuestras vidas son dos milagros porque nos alimentamos de unos trabajos prescindibles, inestables e impredecibles. Mañana podríamos estar sin trabajo y el mundo seguiría como siempre, inclusive en nuestro pequeño mundo nadie notaría nuestra ausencia.
Dos personajes anodinos en un paisaje gris, el puzzle ya estaba hecho y nosotros todavía éramos demasiado jóvenes.
Tal vez tenga razón en cuanto a la fragilidad de nuestra existencia económica, es más, tiene razón, no lo dudo por un momento. Pero eso no debería determinar la vulgaridad de nuestra existencia. Al menos deberíamos tener derecho a ser extraordinarios dentro de la pobreza y nuestra irrisoria realidad.
Si solo pudiéramos ser lo suficiente valientes para ser lo que no somos. El otro día discutía esto ¿es más valiente el que se queda o el que lo deja todo? Según yo el que lo deja todo siempre es más valiente, eso solo se hace una o dos veces en la vida.
A veces quisiera no tener oídos para ignorar las noticias lejanas. Quedarme en la burbuja.
En fin, nada nuevo sucedió ayer. Y hoy ya son las 6.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Montaña de basura

Me parece que llevo años sentada en la misma silla. La gente hace cosas, se vuelve famosa, cambia. Y yo, si me voy a quedar quieta, solo espero que me llegue la iluminación para ver la belleza de la conformidad, el aprendizaje en la paciencia. Ser algo así como la montaña de basura de Fraggle Rock.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Azul

Este domingo es como estar flotando boca arriba a mar abierto.
Estar flotando sin tener miedo de lo que hay abajo, sin tener azul.

domingo, 9 de agosto de 2009

yo no soy bonita

Cuando cierras la puerta de la habitación de tu dormitorio y parece que el día te ha ido bien. Te has reído, te ha ido bien. Bien. Cierras la puerta de la habitación y tienes ganas de cortarte el cuello.

ANGELICA LIDDELL, Yo no soy bonita

Yo nunca me leí la biografía de María Antonieta, pero conozco una guillotina.

sábado, 8 de agosto de 2009

soy un cocodrilo

Me he destrozado el brazo como nunca. Si Antonino me viera ahora querría abofetearme, nunca lo ha hecho, pero lo veo en su cara cuando me dice: pareces un cocodrilo. Y tiene toda la razón, yo miro la silueta de mi brazo rasgada por la luz de la ventana y me sorprendo de tanta violencia, como si no fuera mía. No sé si a los cocodrilos les duele la piel, pero sino, entonces yo seré un cocodrilo enfermo. Y mientras dure el dolor me repetiré a mi misma no lo voy a volver a hacer, no lo voy a volver a hacer. Miraré el brazo de vez en cuando esperando que la inflamación haya disminuido, pero no se habrá ido para la noche y tendré que cubrir este acto monstruoso con algo largo e inapropiado para el clima. Mañana al despertar ya solo quedarán pequeñas cicatrices y alguna de esas superficies claras y llanas que han ido apareciendo últimamente, después de tanta erosión. Y al ducharme le pediré a mi cuerpo que se recupere prometiéndole que no lo volveré a hacer, que yo, aunque no lo parezca, lo quiero sin duda.

viernes, 24 de julio de 2009

principio del fin

Y todo se desvanece entre dos platos y un mantel, así debería empezar esta historia; los dos callados, mirando al vacío que hay entre dos platos sin saber a donde ir ni que hacer, habiendo agotado ya todas las posibilidades del uno para consolar al otro.
Al alzar la vista y mirarnos no habrá ya nada de esperanza. Pero quedarnos en este estado tampoco la tiene. Deberíamos derrumbarnos y llorar nuestra tristeza, pero el llanto se nos ha ido escurriendo en el pasar de los días tristes, en la batalla de boxeo que poco a poco los dos hemos ido perdiendo por cansancio. Ya no hay pasión para llorarnos. Somos como un matrimonio que ha perdido un hijo.
No me importa haberlo perdido todo. Pero al haberme perdido yo ¿Dónde me deja esto ahora? - se lamentaba ella, dondequiera que estuviera.

jueves, 16 de julio de 2009

mente microscópica

He matado algo tan insignificante que ni siquiera estoy segura de haberlo hecho. Era un diminuto punto que se movía y sin pensarlo lo he aplastado con la yema del dedo, con una infinitesimal parte de mi cuerpo. Y ha dejado de moverse. Entonces lo he contemplado, si se puede contemplar algo tan pequeño, mejor, lo he observado en la medida en que mis ojos pueden ver microscópicamente, y ya no se movía. Era tan reducido que he tenido dudas de mi ¿Será que realmente se movía o mi imaginación me estará jugando una mala alucinación? ¿Puede estar vivo algo tan pequeño? Puedo pensar en la “idea” de organismos microscópicos, pero no puedo ver organismos casi microscópicos y no extrañarme ante la idea de que estén vivos. La mente es compleja imaginando y simple descubriendo.

martes, 14 de julio de 2009

sabios momentáneos

Es en la muerte cuando uno más da. Quiero decir que es cuando alguien que amamos se nos muere cuando más concesiones le damos a esa persona. Si ocultabas el apellido de tu padre tras una inicial, será en el día de su entierro en que cambiarás eso y le darás aquella satisfacción que tanto anhelaba, se la darás a cambio de nada. Por eso digo que la muerte de los seres amados nos convierte en dadivosos por un corto período de tiempo. Damos a cambio de nada, concedemos cosas íntimas y secretas siempre en actos invisibles. Somos de verdad personas que pueden dar. Un extraño valor interior nos convierte en otros, en nuestros mejores yos, y nos hace sabios. El contacto cercano con la muerte también nos hace sabios, sabemos más de la vida, sabemos más de lo que jamás alcanzará a saber el que se ha ido y lo notamos, esa sensación de permanencia contemplando la partida nos llena de perspectiva, y entonces nos damos cuenta que dar solo puede ser un acto aislado, dar solo es dar cuando no se obtiene nada a cambio. Nos erigimos en actos desconocidos y damos, ese dar, es nuestro monumento póstumo a la persona amada.

jueves, 2 de julio de 2009

Llueve en el mar

-Siento que tal vez hemos sido condescendientes. No en todo, claro, pero sí en lo más importante. Por otra parte ¿cómo hacerlo? Me refiero, a ¿cómo conseguir ser y compartir sin ser condescendientes?

Él permaneció mirando al mar que lejos de ser un mar cristalino y transparente como en las fotografías de los folletos, era un mar negro y agitado, con una superficie estucada por las gotas de lluvia que lo salpicaban constantemente. En la piscina del hotel no había nadie, solo cuando una tumbona voló por la agitada ventisca, un empleado salió corriendo y lo cazó. Rápidamente volvió a las entrañas del hotel.

-Las entrañas del hotel –dijo él.
-¿Qué?
-No lo sé, de pronto pensé en eso.
-¿No me estás escuchando, verdad? Para variar…
-Sí, pero era muy abstracto lo que decías ¿Qué te puedo responder?


En ese momento llamaron a la puerta de la habitación. Los dos se giraron, miraron la puerta y luego se miraron entre ellos.

-Abre tú.
Él no respondió.
-Por favor.

Con visible pesadumbre se dirigió a la puerta y cuando tuvo el manubrio en la mano suspiró con fuerza antes de girarlo para abrir la puerta.

Un camarero completamente desnudo, flaco, casi sin pelo en el pecho y unas caderas que bien podrían haber sido de una niña de once años, entró cargando una bandeja y un tripié para sostenerla.

Bueno días – sonrió el camarero, mientras en una perfecta ejecución ponía la bandeja sobre el tripié y luego los platos sobre la mesa de la habitación.

Marion y Jeremías lo miraban con cara de poca familiaridad y cierta vergüenza, evitando todo el tiempo que la vista se desviara hacia alguna de las partes intimas del camarero.

-¿Necesitan alguna otra cosa?
-No, gracias.
-Muy bien. Les informo que debido a las circunstancias atmosféricas, que esperemos que pronto remitan, hemos organizado una tarde de juegos en la sala de conferencias.


Marion y Jeremías, no alcanzaron a responder.

-A partir de las 4. Por si gustan.
-Gracias.
-Gracias.


Segundos después de que el camarero hubiera cerrado la puerta los permanecían en la misma posición. Jeremías miraba los platos del desayuno perfectamente ordenados sobre la mesa de cristal y Marion miraba hacia la puerta cerrada.

-Todavía no puedo creerlo. ¿Seguro que no decía nada, verdad?
-Te lo juro, lo hubiera visto.
-¿Todavía no responden? – preguntó Marion con un aire de cierta esperanza.
-No, deben estar en algún balneario nudista relajándose.


El cuerpo de Marion volvió a desinflarse como si fuera una colchoneta barata. Se giró para mirar de nuevo por la ventana, fuera nada había cambiado. El viento seguía arrastrando el agua del mar y la lluvia seguía golpeando el agua marina. De una forma u otro todo estaba mojado y como todo estaba mojado, todo era incómodo.

-¿No quieres comer?

Marion se dirigió a la mesa. Jeremías le retiró la silla y se la acercó pretendiendo ser un atento caballero, luego le tendió su servilleta. Los platos parecían perfectamente normales, incluso tenían buen aspecto, parecían tan corrientes que eran sospechosos. Nada en ese hotel les podría resultar de fiar. Empezaron a comer.

-No me puedo creer que nos esté pasando esto. Es tremendamente surrealista ¿no crees? Quiero ver la cara que van a poner Jorge y Javier cuando les contemos esto.
-Sí, nunca había imaginado una situación así. ¿Crees que estamos mal?
-¿Qué quieres decir? – le preguntó Jeremías, intuyendo que esa pregunta era como un caramelo con centro líquido y el líquido no era otra cosa que la ponzoña venenosa que venía atormentando a Marion desde esa mañana.
-Pues que no debería ser tan grave.
-Es grave, porque jamás pedimos venir a un hotel nudista.
-Sí, en eso tienes razón. Pero, una vez aquí, en estas circunstancias, no debería ser tan grave. ¿Por qué nos resulta tan espeluznante todo esto?
-Porque no estamos acostumbrados.
-¿Seguro? Yo te veo desnudo un 40% de nuestro día, yo me veo desnuda al espejo cada día, incluso me gusta mirarme, ver si me ha salido algún grano nuevo, si la barriga está más plana. Me gusta investigar mi cuerpo desnudo.
-Pero son nuestros cuerpos. Es nuestra intimidad. No las de cualquiera.
-Sí, pero solo son cuerpos desnudos, y para nosotros son como amenazas de bombas nucleares.
-Estás exagerando.
-Yo no puedo salir al pasillo y ver todo esos cuerpos desnudos entorno a mi. Me provoca angustia.
-Puede que sea porque nosotros vamos vestidos.
-Puede.

Marion en bikini estaba recostada en el sofá, leía un libro, Jeremías tumbado en la cama tenía la vista fija en la televisión. La tormenta había cedido a una llovizna tranquila y detrás de sus miradas, en la ventana se podía ver un arco-iris formado en la lejanía. Cuando el sonido de la televisión lo permitía se dejaban oír las voces y los gritos de júbilo de los huéspedes que participaban en la tarde de juegos del hotel. Así pasaron un rato, hasta que por fin, el arco-iris y los gritos les obligaron a volver a la vida.

-Vamos a dar un paseo.
-¿Con la lluvia?
-Casi no llueve, además hace calor, será agradable.


Marion dudó unos instantes.

-¿Cómo podremos evitar la sala de juegos?

-Debemos bajar hasta el estacionamiento y salir por ahí.
-Está bien.


Marion dejó el libro y tomó un pareo que tenía cerca, Jeremías apagó la televisión, bajó de la cama y estiró los brazos haciendo sonoros bufidos.

Las puertas del ascensor se abrieron y los dos salieron silenciosamente al estacionamiento, a penas un par de coches familiares cargados con bicicletas y las ruedas llenas de arena, dormían ajenos a cualquier actividad humana. Sin hacer ruido se dirigieron a la salida donde los despidió el vigilante, que también desnudo, sentaba sus posaderas y su barrera en un estrecho taburete, sudada copiosamente y dormitaba ante un pequeño televisor.

No habían calculado que salir por el estacionamiento implicaría tener que entrar a la playa por otro lugar, así que se vieron obligados a traspasar un par de manglares terrestres y a mantener el equilibrio para bajar una duna que desembocaba en la arena de la playa.

La leve lluvia les mojaba el cuerpo y los mantenía como si hubieran salido de la ducha. Solo de vez en cuando tenían que pasarse la mano por lo ojos para despejar el exceso de agua de los párpados. El pelo se les humedecía lentamente y la arena seguía siendo fina como harina, solo que ahora estaba completamente fresca.

-Qué agradable. – dijo Marion, con una inusitada felicidad.
-¿Te gusta?
-Sí.
-Me alegra.


Marion se giró y le sonrió. Jeremías apartó los pelos mojados de la cara de Marion y se los escondió detrás de la oreja.

-¿Qué deberíamos hacer?
-Tengo la sensación de que ellos están ahí para demostrarnos a nosotros cuantas cosas escondemos.
-Puede ser. ¿Quieres regresar desnuda al hotel?
-No por favor.

Los dos rieron.

-Pero tal vez lo importante no sea lo que queremos.
-Lo que quieres.

jueves, 18 de junio de 2009

Ahora

No sé si me habían preparado para esto. Toda la vida alejándome de los otros cuerpos, de las presencias persistentes en mi limitada esfera de existencia y ahora: esto. Me había entrenado y había logrado separarme lo suficiente de todos los demás como para sentir por fin que estaba sola y que podía sola. Me había convertido en la mejor amiga de mi soledad, en la mejor analista de mis pensamientos, en mi mundo personal y secreto tenía todo lo que necesitaba. Y ahora han pasado tantos días que no recuerdo cuando empezó a ser una costumbre despertarme con tu cara a mi lado, sobre mi espalda o bajo mi hombro. A veces me olvido de que estás ahí y cuando me despierto y te descubro tengo una sensación de sorpresa, pero no como esa que me sacude constantemente, la sorpresa histérica de mi personalidad revolucionada, sino una sorpresa tranquila y agradable. Estás ahí, justo donde quiero que estés. Y no te mueves, no te vas, no me dejas, y yo, yo no te odio, no deseo otra cosa, no me angustia tu presencia. A lo mejor estoy aprendiendo, a lo mejor tú me estás enseñando. A veces cuando estás triste y sombrío, cuando no me puedo acercar, solo te miro y pienso, pienso en que me veo a mi misma llorando escondida en el fregadero de la azotea aquella tarde de domingo. Llorando por mis cosas, por cosas que no quiero contar y que tú ya sabes. Otras veces tengo pensamientos brillantes, por ejemplo, el domingo que limpiamos la casa de tu madre, me acuerdo que yo estaba sentada en el departamento frente al armario blanco y frotaba sus puertas con el líquido mágico y el trapo. Tú estabas fuera tendiendo la ropa, sorteando los obstáculos que habíamos sacado para poder limpiar la casa. Y entonces me di cuenta, llevábamos más de una hora sin decirnos nada. Pensé que tú podrías haber sido mi perfecto amigo de la infancia, mi compañero de juegos. Y que probablemente en esa existencia paralela también me habría acabado enamorando de ti. Fue un pensamiento valioso, revelador. Pero no te lo dije, he descubierto que también puede haber secretos de este tipo entre los dos.